miércoles, 3 de noviembre de 2021

EL HOSPITAL DEL CRISTO DE LA MISERICORDIA

Hoy en día tenemos una calle con el topónimo de Muro de la Misericordia. El nombre de esta característica calle del barrio de Santa Marina se debe a la unión, por una parte de la muralla cuyo trazo delimitaba por aquel lugar, y por otra parte al Hospital del Cristo de la Misericordia que se emplazaba cerca de la misma.

El origen de dicho hospital lo encontramos en el año 1640, cuando un desconocido Gregorio Ponce compró a los Padres de Gracia una extensión de terreno de su huerto y levantó una ermita y colocó un crucifijo que denominó de la Misericordia junto a la Puerta Excusada. Dicha puerta, conocida en el siglo XIII como puerta del Alquerque se encontraba escondida en un rincón siendo la confluencia de dos lienzos de muralla.


Debido a su situación geográfica dentro de la ciudad, muy cerca de la muralla de la Axerquía, un grupo de cordobeses solía dejar en sus cercanías los numerosos muertos que se hallaban extramuros, de esa manera, podrían ser identificados por familiares o amigos. Con el tiempo, esta ardua labor que se hizo de manera altruista fue recogida en la creación de una hermandad. Dicha hermandad tomó el nombre de la Misericordia debido que dejaban los cuerpos bajo el Cristo que les daría nombre y contó con el beneplácito del Obispo Fray Pedro de Salazar. 

Corría el año 1690 cuando el presidente de dicha hermandad, Andrés Francisco Murga, compró la ermita al nieto de Gregorio Ponce y estableció en la misma una enfermería para asistir en la misma a los enfermos de tisis y asma (ya que estas enfermedades no eran tratadas en otros hospitales). Debido al aumento de limosnas, en el año 1729 compraron dos enfermerías más, llevando las lindes del Hospital hasta la calle Fernando de Lara.

El médico Cayetano Carrascal, tesorero de la Santa Iglesia, junto a una congregación de hermanos construyeron más edificios, aumentando aún más este hospital, que ya llegaba a unirse prácticamente a las lindes del muro de la ciudad. En el año 1733 el Ayuntamiento de la ciudad les concedió una rinconada, con la que aumentaron más sus dependencias y construyeron el cementerio (que estuvo activo hasta el año 1839).

La Hermandad se disolvió en el año 1839 pero fue pasando de manos en manos hasta que en el año 1867 (otros textos lo sitúan en 1872) un gran incendio en el barrio de Santa Marina ocasionó la destrucción del mismo, ya que fue pasto de las llamas. Las crónicas coetáneas señalan como la crueldad del fuego ocasionó que todos los vecinos, horrorizados, acudieran al rescate de enfermos, otros acudieron a la iglesia del hospital a salvar imágenes y enseres y todos contribuyeron a salvar todo lo que pudieron de dicho hospital. Aunque la gran incógnita es... ¿Qué fue del Cristo de la Misericordia? nada más se supo de dicho Cristo desde entonces.

Existe una leyenda que da explicación al nombre del Cristo, este lo recibe a tenor de un hombre ciego que cansado ya de brebajes para recobrar la vista acudió a dicho Cristo y con un palo le atizó un gran golpe al grito de "Si no me puedes ayudar, ¿para qué sirves? Acto seguido el ciego recobró la vista. La gente denominó al Cristo bajo el sobrenombre de la Misericordia, pues a pesar de los malos modos del ciego, Cristo lo curó.

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

PERO MATO Y POR QUÉ HAY QUE CAMBIAR EL NOMBRE DE ESA CALLE.

¿Quién fue Pero Mato? ¿Por qué tiene una calle con su nombre? Y lo más importante. ¿Por qué debería de ser cambiado el nombre de dicha calle? Aquí os desvelaremos la Historia de un triste suceso acaecido en Córdoba  y comprenderéis la Iniciativa que el I.E.S. Grupo Cántico está llevando a cabo para solicitar el cambio de nomenclatura de dicha calle.

 Corría el año 1573, tiempos del corregidor Alonso de Arteaga. Cerca del Museo Arqueológico vivía un ilustre médico portugués llamado Pedro Peramato junto a su hermosísima mujer Beatriz Cano. Vecino de ambos eran los Páez de Castillejo, entre los que se encontraba un apuesto y joven galán que veía a Beatriz desde su terraza, y a la que intentaba agasajar. Según cuentan las lenguas, Beatriz acabó sucumbiendo a los encantos del joven. La ira se apoderó del médico portugués, pero los familiares de la joven pidieron al obispo Bernardo de Fresnada que intercediera por la joven y sosegase al marido. Este al final la acabo perdonando y durante un año vivieron en paz y harmonía. 

Pasado el tiempo, un mal vecino colgó en casa de los Mato un sartal de cuernos. Este hecho desencadenó los malos recuerdos que Pedro tenía de lo que aconteció el año anterior y vilmente asesinó a su mujer, ahorcándola con una toalla. Tras el asesinato de Beatriz, y a pesar de la insistencia de los Hermanos de la Compañía, Pedro Mato fue arrestado y encarcelado a espera de juicio. La justica lo acusó culpable de asesinato, tras la insistencia de los familiares de Beatriz, y por ello condenado a muerte.

Aquí debemos hacer un pequeño, e importante inciso. Durante el siglo XVI era común en caso de adulterio acometido por la esposa, que el marido tomase dos vías, el primero judicial y el segundo tomarse la justica por su mano. Si optaba por la primera vía, el marido podría quedarse con los bienes de su mujer y del amante, mientras que si optaba por la segunda, el marido perdía el derecho a quedarse con los bienes. Esto se hacía para que el asesinato no fuera por codicia, sino por honor, pues el tomarse la justicia por su mano acarreaba la muerte inminente de la esposa y del amante. Pero para tal desenlace debería de ser pillada la infidelidad en el acto, y tras el asesinato dejar los cuerpos como estaban e ir en busca de un testigo.

Dicho lo cual, por lo que cuenta la historia Pedro pilló infraganti a Beatriz con su amante, pero él no acabó matándola y escribió una carta de perdón. En esto se basó la defensa de los parientes de Beatriz, Sin embargo, Pedro Peramato acudió a la Chancillería de Granada para intentar apelar la condena, y bajo el amparo del boticario cordobés Luis de Albarca se repitió en juicio en Granada. En dicha ciudad, alegando su derecho de tomarse la justicia por su mano quedó libre de la condena a muerte y al final se le condenó a marchar a África (donde no se sabe si cumplió su pena o regresó a Córdoba antes de tiempo).

Lo que si se sabe es que murió en Córdoba, muy cerca del Corral de Comedias, y donde en el año 1712, reflejaba una coplilla que así decía: "Pedro Mato/ Mató a su mujer/ Hizolo tarde/ más hizolo bien  

Como podéis apreciar, es bastante inmoral que en pleno siglo XXI se siga manteniendo la calle Pedro Mato. Y en los tiempos que corren, es de alabar la iniciativa del I.E.S. Grupo Cántico en solicitar dicho cambio. Hay bastantes ilustres cordobeses y cordobesas que bien merecido tienen inmortalizar su nombre con una calle en su honor. Desde No Sólo la Mezquita, quisiéramos que reflexionéis sobre dicho cambio, si es justo o no y que si lo veis justo, apoyéis la iniciativa de dicho Instituto. 


jueves, 28 de septiembre de 2017

EL MOTÍN DEL PAN DE 1652

En este post os queremos hablar sobre un hecho que tuvo lugar en Córdoba el 6 de mayo de 1652. Como bien recoge el título, se hará referencia a un motín que tuvo su origen en las calles de la ciudad debido al hambre que azotaba la misma.

En los años anteriores a este hecho, Córdoba había sucumbido a la peste, esta epidemia que se llevó por delante a un tercio de la población de la ciudad obligó a tomar una serie de medidas cautelares que diezmó la entrada de alimento. En estos casos, la ciudad suele quedar cerrada a cal y canto, incomunicada con el mundo exterior y con fuertes medidas sanitarias.

En los años venideros a esta epidemia, llegaron años de malas cosechas debido a la sequía que azotaba la ciudad. Esto hizo que se acrecentara el precio del trigo y los alimentos de primera necesidad, no obstante, la cantidad de grano que se perdió no era motivo para el excesivo precio que tomó este alimento, sino que al parecer, fue motivado porque la mayor parte del grano fue a parar a la nobleza y al clero.

Ante esta situación llegamos a la primavera de 1652, la situación estaba llegando a ser insostenible, cierta parte de la aristocracia cordobesa se mofaba y humillaba a quienes pedían algo de grano para comer, el alcalde actuaba con extrema dureza contra quienes le pedían alimento y que abaratase el precio de los alimentos. Y ya por fin, el 6 de mayo de ese año se escuchó por las calles del barrio de San Lorenzo  el llanto de una madre que llevaba en sus brazos el cuerpo yaciente de su hijo pequeño. El llanto impotente de esa madre al ver su hijo muerto de hambre hizo que otras mujeres se sintieran en su pellejo viendo que podrían ser las próximas y empezaron a increpar a sus maridos por no hacer nada ante tal hecho. 

Poco a poco los ánimos se fueron calentando y las mujeres tomaron la iniciativa de una revuelta social sin paragón en la ciudad. Cogieron todo lo que estaba a mano (hoces, palas, guadañas..) y se marcharon en busca del corregidor, esto ocasionó que más gente se sumase a la revuelta, tomando ya un carácter preocupante para las altas esferas.

El corregidor Peña Parda, que ya había sido informado de lo que acontecía salió corriendo a suelo sagrado, donde sería refugiado por los Trinitarios, esto encolerizó más al pueblo llano que buscaría en los nobles a los responsables de esta situación, estos que no eran tontos, también salieron corriendo en busca de suelo sagrado, y así quedó la ciudad, con los nobles en conventos y el pueblo llano en las calles de Córdoba.

Obispo Pedro de Tapia
Ante la turba de gente sin control, cuentan las fuentes que el Obispo Pedro de Tapia controló la situación para que esta no fuera desmedida y empeorara. El pueblo arremetió contra los inmuebles de la alta alcurnia y cogió todo el grano que estaba guardado y el que estaba a disposición de la nobleza. Usaron la iglesia de San Lorenzo como granero y empezaron a proteger las puertas de la ciudad, pues corría el rumor que el Conde de Priego vendría a la ciudad con un ejército para someter la rebelión.

Después de ocho días de motín, el pueblo crispado y preparado empezó a robar los bienes muebles de la aristocracia, apoderándose de una ingente suma de dinero y de oro. Fue entonces cuando apareció la figura de Diego Fernández de Córdoba, un miembro de la orden de Calatrava famoso en la ciudad por ser gentíl y amable con el pueblo llano. Este sería nombrado como alcalde de la ciudad, y para acabar con el motín prometió el abaratamiento del trigo. 

En los días venideros la tensión fue bajando, el propio rey Felipe IV y dio 100.000 ducados para la compra de trigo y así abaratar el precio del mismo. No obstante por miedo a futuras represalias, muchos no estaban tranquilos, por ese motivo el nuevo corregidor de la ciudad hizo prometer al rey el indulto para quienes encabezaron el motín y así al pasar de los días los ánimos fueron decreciendo hasta que por fin todo volvió a su cauce.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

MEDINA AZAHARA. SI EL EXPOLIO NO HUBIERA SUCEDIDO

   Corría el mes de septiembre de 936, Abderraman III decidió así como quien no quiere la cosa que un día cualquiera de ese mes se pondría manos a la obra y empezaría la construcción de una ciudad palatina, bueno no es que él se pusiera en plan Manolo y Benito, sino que mandó que lo hicieran. También decidió que esa ciudad palatina sería llamada Medina al- Zahra (para los cordobeses Medina Azahara).

   Cuarenta años después, su ciudad palatina estaba acabada, y como para no tardar cuarenta años, 115 hectáreas construidas y protegidas por una contundente muralla no se hace dos días (en Córdoba tenemos construcciones más pequeñas y que tardarán más a este paso en ver la luz). 

   Pero bueno, este post no va sobre la grandiosidad de Medina Azahara, de eso ya se ha escrito mucho y con todo el tema este de la UNESCO y su decisión (a la cual desde este blog nos sumamos) de incluirla como Patrimonio de la Humanidad (Mérito más que merecido). Este post va de cómo después del final de Medina al-Zahra, el yacimiento fue tratado, y como ha llegado a nuestros días.

   Una vez muerto Abderraman III y su hijo Al-Haken II le tocó el turno al nieto de Abderraman III, Hixen II sentarse en el trono del califato omeya cordobés, pero le tocó vivir un tiempo de revueltas y tras sus problemillas con Almanzor, abdicó en 1009 para volver un año después, pero ya la tensa situación hizo que no fuera remediable el fin del califato omeya, y con el fin del califato llegó la destrucción de la ciudad palatina por sus rivales bereberes. Esta destrucción fue ocurrida en el año 1013 y desde entonces Medina Azahara fue convertida en una pedazo de cantera que suministraría todo lo necesario a quien fuese a recoger material entres sus escombros.

   A partir de la segunda mitad del siglo XIII se produce el primer expolio de la ciudad palatina, con la reconquista de la ciudad de Córdoba por parte de Fernando III para usar dicho material en la reconstrucción de la ciudad, me imagino por aquel entonces a los cordobeses marchando a la antigua ciudad palatina a recoger piedras para construir edificios en la propia Córdoba, de esa manera la muralla de la parte meridional de Medina Azahara iría despareciendo poco a poco por este fin.

   El segundo expolio sometido hacia Medina al-Zahra ocurre en el siglo XV con la construcción del monasterio de San Jerónimo de Valparaiso. Para que ir a una cantera a por piedras si a unos metros más para abajo se encuentra una ciudad palatina del siglo X que ya no se usa. Mira si la piedra está hasta labrada y cortada, vamos a saquearla.

   Esos son los grandes expolios que han mermado la antigua ciudad palatina pero claro, la cosa no queda ahí, son sonados los casos donde expoliadores sustraen columnas de mármol, otros que directamente se llevan pieza a pieza un puente, e incluso el ajuar funerario de una tumba perteneciente a la necrópolis situada en dicha ciudad palatina.

   En fin, que está muy bien el hecho de que un monumento como este sea candidato a formar parte de la lista de monumentos Patrimonio de la Humanidad que ya la ciudad posee, pero que aún el 90% de los restos está por descubrir y que el hecho de que sea nombrada Patrimonio de la Humanidad puede ayudar a que se amplifique la excavación arqueológica (y que cuenten con arqueólogos como yo) para dar a luz a la grandiosidad de este monumento, pero también es verdad que no sabemos cómo se hubiera encontrado la ciudad palatina si no hubiera sucumbido al expolio que los cordobeses hicimos de ella. 

    Esto nos debe hacer reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra capacidad de destruir un bello yacimiento, que en este caso ya estaba en ruinas por una guerra civil a finales del califato cordobés. O intentar conservar nuestro legado histórico y patrimonial.

jueves, 15 de junio de 2017

LAS CASAS DE PASO

    Cuando hablamos de casa de paso quizás se suele pensar en una segunda vivienda en la que se va a parar en un corto instante de tiempo, generalmente a dormir. Pero estas casas de paso tienen un origen y un significado totalmente distinto. 

Casa de Paso de la Plaza San Eloy
    En primer lugar, estas casas de paso tuvieron su origen en el propio entramado de la ciudad. En un momento en el cual la ciudad amurallada ya no daba pie a seguir expandiéndose, hubo unos pillines que aprovecharon la coyuntura para hacer la casa donde le daba la real gana y si tapaban el acceso de una calle a otra pues mala suerte. 

    Obviamente, esto enfadó al gentío que debía de dar una vuelta muy grande para llegar a su destino,
pidiéndole al corregidor que intermediara en este problema que se estaba causando. El corregidor viendo el problema que se le venía encima estableció una norma. Las casas seguirán estando donde están pero será de obligado cumplimiento el habilitar una puerta de acceso a la otra calle para que los viandantes puedan pasar sin tener que dar tanta vuelta.

    Y así de ese modo, se empezó a hacer, y es lo que hoy día nos ha quedado como legado de aquellos tiempos, una serie de casas de paso que fueron destruyéndose a medida que las murallas fueron eliminándose y hubo de hacerse un nuevo entramado urbanístico. Como es obvio estas casas de paso cerrarían sus puertas al anochecer ya que era peligroso dejarlas abiertas. Quedando también una frase en el saber popular "casa de dos puertas difícil es de guardar". 

   
Casa de Paso de la Lagunilla
Este tipo de casas fueron objeto de múltiples timos, como los que se daban con la comida durante los años de la postguerra, donde los timadores hacían que los ingenuos compradores de alimento de contrabando les dieran el dinero y esperaban a que el timador les trajera el alimento comprado, pero huían por la otra puerta mientras que el ingenuo esperaba.

    En la actualidad, sólo nos queda una casa de paso. Esta está situada entre la Plaza de la Lagunilla y la calle Chaparro y es conocida como la Casa de Paso de la Lagunilla.

martes, 4 de abril de 2017

LA VIUDA DEL CONDE DE CABRA. LA CANCIÓN QUE SE ENCUENTRA EN LA CALLE MEDINA Y CORELLA

"Yo no quiero conde de Cabra, 
conde de Cabra, triste de mí
que a quien quiero solamente, solamente es a ti".

Si al pasar por la calle Medina y Corella os paráis un simple instante, podréis encontrar una cancioncilla en la pared. Esta canción no es otra que "La viudita del Conde de Cabra" una adaptación musical de un suceso que Federico García Lorca también llevó al teatro. Pero, ¿Qué suceso?

Acontecía el siglo XVII, más concretamente, el año 1654, el Conde de Cabra, Francisco Fernández de Córdoba y Folch de Cardona había quedado viudo de su primera esposa, Isabel Fernández de Córdoba y Figueroa. Tres años más tarde, el Conde quiso casarse nuevamente, y e aquí el problema, pues el Conde eligió como segunda esposa a una viuda de Castro del Río, Doña Mencía de Avalos y Merino, vasalla del Conde y que tras enviudar se encontraba con dos niños.
Este matrimonio estaba mal visto e intentaron disuadir al pobre de Francisco, pues no era normal que un hombre de su alcurnia debiera de casarse con tal viuda, pues lo lógico es que se casase con una mujer de igual status social. Pero el Conde de Cabra no entró en razón y contrajo matrimonio. Esto le valió la intervención del rey Felipe IV, quien ni corto ni perezoso determinó el prendimiento del Conde, ordenando su encarcelamiento a la carcel de San Marcos de León, un antiguo hospital que se encontraba en el camino de Santiago.
El Conde de Cabra siguió en sus trece y no quiso anular su matrimonio con su nueva esposa, alegando ante cualquiera que la acusase de la belleza y la limpieza de sangre de la susodicha. Aguantó todo tipo de amenazas, incluyendo las de su cuñado el Marqués de Priego, aunque al final, después de tantas presiones por parte del padre, Francisco Fernández de Córdoba anuló su matrimonio, el cual le había dado una hija, y se casó con Ana de Pimentel y Enriquez, marquesa de Távara. De doña Mencía de Avalos poco se sabe, sólamente que acabó sus días en el convento de Alcaudete. 
Finalmente esta historia de amor frustrado ocasionó una canción popular que acabó convirtiéndose en la obra de Federico García Lorca y cuyo recuerdo se nos ha dejado en la calle Medina y Corella. 



miércoles, 15 de marzo de 2017

CÓRDOBA Y JEREZ. EL PORQUÉ DE UN HERMANAMIENTO

    Corría el año 1325, cuando el ejército musulmán quiso enfrentar en batalla a la ciudad de Jerez de la Frontera para volver a retomar la ciudad. Ciudad que pertenecería a la corona de Castilla desde 1231. En el dicho año, los valerosos hombres de Jerez salen a combatir a los benimerines que estaban cerca de la Dehesa de Martelilla, y que contaban con un mayor número de soldados en comparación a las tropas jerezanas. La contienda se denotaba desigual y la derrota era segura, pero aquellos valerosos soldados no cejarían en su empeño de defender las lindes de la ciudad jerezana. 

    Mientras que las tropas jerezanas se dirigían al campo de batalla. Con la ciudad prácticamente indefensa, en el silencio de la noche se escuchó un grito -"Córdoba por Jérez". Un nutrido grupo de soldados cordobeses llegaron al rescate sin haber sido llamados, a sabiendas de que en una ofensiva musulmana, la ciudad de Jerez podía caer de nuevo en manos islámicas. Estos cordobeses, exhaustos por el largo viaje decidieron proseguir su marcha al campo de batalla, rehusando el descanso ofrecido por las buenas gentes de la ciudad. 

    Con la batalla aún por determinar, pero con las tropas jerezanas en clara desventaja, llegaron los cordobeses al campo de batalla para enfrentar con sus armas a los benimerines. Jerezanos y cordobeses combatieron juntos, como hermanos, y lograron expulsar por siempre toda esperanza de recobrar estas tierras. Desde entonces, y con la Virgen de la Merced como testigo, tanto cordobeses como jerezanos se juraron hermandad por siempre. 

     La hermandad entre ambas ciudades fue tan buena que en un sinfín de ocasiones la ciudad de Córdoba representó en las Cortes a la ciudad de Jerez de la Frontera, e incluso llegando a votar de manera conjunta alguna propuesta. Por este motivo, en el año 1964 la ciudad de Córdoba le regaló una réplica del caballo de la plaza del potro a la ciudad de Jerez.

     Y este es el motivo del hermanamiento entre ambas ciudades, mucho antes incluso de la existencia de las hinchadas de fútbol. Así que si alguna vez vais por Jerez de la Frontera y paseáis por sus calles, pasaros por la plaza de Belén y allí podréis contemplar esta réplica del potro. 

      

miércoles, 8 de marzo de 2017

REPRESALIADAS Y OLVIDADAS.

    " Si dura fue la guerra, más dura fue la post-guerra" es una frase que habré oído decir a mi abuela tantas veces como día tiene el año, y es que no cabe duda de que en aquellos tiempos de hambre y penuria se les hizo la vida imposible a los vencidos, pero más dura aún se les hizo a las mujeres que en su derecho de igualdad fueron duramente castigadas y vejadas simplemente por el hecho de ser mujeres y alejarse del canon de mujer que la dictadura ordenaba.

    Este post está dedicado a ellas, a todas las mujeres que lucharon, e incluso dieron su vida por creer en un mundo más justo, por ayudar a los más desfavorecidos a costa, incluso, de su propia vida. Sirva como dato, que en Córdoba (tanto capital como provincia) hay un total de 500 casos de casos de represión contra mujeres, esta cifra, en palabras del espectacular artículo las pasionarias de Córdoba, escrito por Carmen Jiménez, se vería brutalmente superada si se conocieran todos los datos de aquellas mujeres desconocidas que sufrieron tal represión.

    Destacaré algunas de ellas, las cuales me pareció que demuestran perfectamente el abuso y la inquina que sufrieron estas mujeres durante los años que duró la contienda bélica y la post-guerra. En primer lugar, reseñar la figura de Ricarda Ana Cobacho Cañete, una mujer humilde que dedicó su vida a la enseñanza de los más pobres. Se ganó la enemistad de la Guardia Civil cuando luchó vehementemente por unos terrenos, los cuales se destinarían a un colegio en lugar de un cuartel como estaba previsto. Estando en Jauja, (pedanía que pertenece a Lucena) siguió su labor docente, y era víctima del acoso de un Guardia Civil, Ricarda denunció este hecho y el guardia civil fue trasladado. Este, nunca olvidaría tal ofensa y cuando estalló la contienda volvería a por Ricarda, la cual nunca quiso abandonar ni su posición ni su pueblo. La docente sería arrestada, purgada con aceite de resino, rapado el pelo y obligada a hacer un paseillo que era común en todos los rincones de aquella España. Su cuerpo sin vida fue encontrada cerca del arroyo.

    Antonia Fernández Serván, miembro del PCE en Córdoba y concejal del Ayuntamiento de la ciudad, después de las elecciones de febrero de 1936. Este hecho le marcó para siempre, y le llevó a una vida de vejaciones constantes por ir a huelgas y manifestaciones, algo que sólo estaba destinado para los hombres. Su conducta poco femenina, dentro de los cánones del régimen la llevó a prisión durante varios días. Tuvo que huir de Córdoba y nunca más se supo de ella. Mismo camino recorrió María Ortega Aguallo, fichada, vejada y torturada por asistir a manifestaciones y huelgas (incluyendo la de 1934) donde llegó incluso a entorpecer la circulación en la electromecánica. 

    Y aunque no es de la capital, pero si debo de hacer mención al menos de Laura Contreras Fernández, conocida como la segunda pasionaria, quien representaría en 1937 a Córdoba en la I Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas. Ella era una maestra de escuela, natural de Villaviciosa. Fue encarcelada durante tres años por escupir al paso del ejército golpista. Tuvo que trabajar como institutriz pues se le prohibió la docencia, pero a menudo, se le podía ver dando clases a los más desfavorecidos. 

    Podría seguir dando ejemplos, pero no acabaría nunca. La mujer fue siempre vejada, ultrajada de las peores maneras imaginables, y todo por el simple hecho de ser mujer y no dedicarse a sus labores, por reivindicar un mundo más justo, más igual y por alejarse de los cánones establecidos.  Se le purgaba con aceite de resino, se le rapaba el pelo y se le humillaba constantemente, estas mujeres que dieron su vida en algunos casos, por desgracia, no serán recordadas. No veréis sus nombres en calles o esculturas que las representen. No se harán homenajes que honren su memoria, y muchas de ellas seguirán en las cunetas a las que un día fueron arrojadas. Por eso, este post va dedicado a ese inhumano número de represaliadas y olvidadas mujeres luchadoras que hicieron de su vida, una lucha constante para un mundo mejor. 

     

    

jueves, 2 de marzo de 2017

LA SEGUNDA PUERTA DEL....ALCAZAR DE LOS REYES CRISTIANOS

    Se ha hecho eco recientemente de que tras duros meses de letargo empezarán a realizarse las obras pertinentes para la realización de una segunda puerta de la Mezquita, no hay cordobés (y algún otro foráneo) que no sepa nada a este respecto, de hecho, existen debates intensos sobre los pro-puerta y los pro-no tocar nada. (No sólo la Mezquita tiene su opinión personal, la cual se reservará) pero.... ¿sabríais decirnos información sobre la segunda puerta del Alcázar?.

    Ciertamente, muy pocos cordobeses sabrían decir algo sobre la segunda puerta que se va a habilitar para entrar al Alcázar, y esto es así, porque no se ha dado a este hecho el mismo interés mediático que se le dio a la famosa puerta de la Mezquita. ¡¡ PERO NO ES LO MISMO!! Dirán algunos, muchos pensarán que no se debe de tener la misma consideración porque se tratan de dos potestades diferentes, uno es un ente laico y el otro no. 

  Desde esta humilde página no entraremos en debates más allá de lo histórico-patrimonial, sin detallar problemáticas políticas o religiosas. El que suscribe este post tomará los dos monumentos por igual, dándole la misma importancia a uno y a otro, explicando que va a ocurrir en el Alcázar, qué se destruye, y dejaré al gusto del lector el porqué se ha hecho de la manera que se ha hecho.

    Para empezar, la Mezquita de Córdoba está catalogada como BIC y monumento nacional desde finales del siglo XIX, el Alcázar de los Reyes Cristianos desde junio de 1931. Por tanto, a efectos de la ley ambos son iguales, teniendo la misma consideración, tanto uno como el otro. La primera pregunta que os quiero lanzar es la siguiente: Si la Mezquita es patrimonio protegido al igual que lo es el Alcázar ¿Porqué un monumento tiene tantas trabas en hacer una gestión y el otro no ha tenido ninguna traba para hacer la misma gestión?. 

    ¿Una segunda puerta? ¿para qué? Es bien sabido por todos que el Ayuntamiento de la ciudad quiere darle un lavado de cara al Alcázar de los Reyes Cristianos, pues quiere que el monumento sea más atractivo cara a las visitas turísticas que recibe (aunque si sigue cerrando en días de vacaciones no tendrá mucho éxito). Por eso el Ayuntamiento quiere crear un centro de interpretación en el lugar que hoy ocupa el patio de las mujeres, dotar al monumento de las más modernas taquillas y habilitar la puerta de la ribera. 

    Llegados a este punto, debo de hacer un inciso para explicar que la que hoy conocemos como puerta de entrada del Alcázar NO era la original, esta fue una puerta que se habilitó en la Torre de los leones porque tras la reforma llevada a cabo en tiempos de Cruz Conde no hubo más dinero y había que hacerla donde fuera. Se entiende que la entrada de acceso del Alcázar, hoy conocida como Puerta Barroca, era el acceso al recinto desde al menos, el siglo XIV, siendo esta la puerta a restaurar y habilitar como punto de entrada en un futuro.

    Por tanto tenemos, un monumento catalogado como BIC, monumento nacional, desde 1931,  protegido por la UNESCO desde 1994, el cual se pretende restablecer la puerta de entrada original (una de las que tuvo). Además, se pretende, utilizar parte del patio de las mujeres para hacer un centro de interpretación; instalar unas barandillas (como las del Templo romano) en el patio que den acceso al recinto, construir un ascensor para el acceso de quienes hasta ahora no podían subir, es decir, el efecto visual e impacto patrimonial va a ser sonado.

     Después de toda esta información, el lector ya podrá tener su propia idea y pondrá responder a la siguiente pregunta. Si el Alcázar de los Reyes Cristianos es PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD, y el hecho de hacer una obra de tal envergadura que romperá con el impacto visual que tiene dicho monumento, ¿Porqué esta obra no ha sido sometida a las mismas vicisitudes que tuvo la obra de la Mezquita? (teniendo en cuenta que una era abrir una celosía y la otra alberga una mayor actuación). ¿Porqué no se ha pedido la intervención del Patrimonio Mundial como si se hizo con la Mezquita?. No estoy discutiendo sobre si es bueno o no que se abra esta puerta, personalmente me duele todo lo relacionado a destrucción o manipulación del patrimonio. Tampoco quiero hacer ver que estoy a favor o en contra de apertura de la puerta de la Mezquita, sólo pongo de manifiesto una doble vara de medir existente a este hecho. Además de poner en conocimiento de los lectores sobre un hecho que poco tirón mediático ha tenido y que a mi parecer es más importante que una celosía, que se abre por los motivos de culto obvios, y no se abre por un bien patrimonial, (aunque ese es otro tema)

martes, 21 de febrero de 2017

DEL DESAMPARO A LA DESTRUCCIÓN HAY UN PASO. EL CASO DE LAS ALCUBILLAS

    Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y cuando se pierde, difícilmente puede volver a recuperarlo. ¿Porqué no se le da el valor que se debe tener por los monumentos? ¿Porqué cuando algo nos deja de interesar o ser útil, en lugar de sacarle otro provecho lo denostamos y olvidamos hasta el punto de que nos molesta y debemos destruirlo? ¿Cuál es el legado que vamos a dejar a futuras generaciones? 
   
     Son infinidad los hitos patrimoniales que han sucumbido al olvido y a la destrucción del hombre. En Córdoba tenemos muchos ejemplos, algunos, ya los cité en un antiguo post de marzo de 2014, pero pienso que no está de mal retomar esta idea y profundizar en aquellos hitos que muy pronto dejarán de estar entre nosotros y recordar otros que nos dejaron para no volver (aunque nos pudiera quedar algún dibujo o fotografía del mismo).

     Ocho, son los monumentos que Córdoba y provincia tiene en la lista roja del patrimonio. Si ya uno solo es indigno, imagínense ocho. Me centraré en lo correspondiente a la ciudad, pues se de buena tinta que algunas asociaciones, como la Asociación Defensores y Amigos del Puente romano de Villa del Río están haciendo un trabajo excepcional para conservar su puente. Aquí en la ciudad sólo tenemos las Alcubillas, pero son tres. 

Alcubilla Hoja Maimón
Alcubilla de la Palomera
     ¿Alcu qué? ¿Qué son las alcubillas?, es la primera vez que leo sobre esto. Las alcubillas cumplían una misión muy destacada, la gestión del agua en las ciudades. Este tipo de construcción, realizada en ladrillo, pertenecieron a un basto número de alcubillas que existían en la ciudad, quedando sólo estas tres en la actualidad. Su función era muy clara, repartir el agua de los distintos veneros reconduciéndolas a la ciudad para hacerlas llegar a las distintas fuentes y a las casas nobles de la época. En Córdoba, la unidad de medida que se utilizaba era la Paja de Agua, que correspondía a unos 3,8 litros por minuto. El Ayuntamiento fue eliminando sistemáticamente estas alcubillas quedando solamente las tres que tanto he mencionado: La de la Palomera (cuya asociación está defendiendo su conservación) la de San Basilio y la de Hoja Maimón (junto a Sadeco). Encontrándose todas ellas en un mal estado de conservación y a con riesgo de derrumbarse, o que la eliminen como ocurrió en 1962 con la alcubilla de la puerta de Almódovar que se encontraba donde hoy se encuadra la estatua de Séneca.
Desaparecida Alcubilla de la Puerta de Almodovar
Alcubilla de San Basilio

     











Por desgracia el patrimonio y la cultura es algo que no está bien visto en estos tiempos. Todo vale para destruir un hito que ya no nos sirve y que incluso  molesta si se considera que la ciudad debe de avanzar. Y si no puede destruirse, se dejará olvidado hasta que caiga por su propio peso. ¿Acaso nos olvidamos del deplorable estado de conservación del Alminar de San Juan? Único Alminar del siglo X en pie, olvidado igualmente por nuestros políticos durante años. ¿Qué se hizo con la muralla romana frente al compás de San Francisco? El Arco del Portillo aún espera respuesta (como también denunciamos en otro post hace tiempo). ¿Acaso pretendemos que caigan los hitos en el olvido? ¿Saben los niños de hoy día donde se encontraba la Iglesia de San Nicolás de la Axerquía?, ¿Cómo eran las puertas de las murallas?, ¿El Arco de Isabel II?, ¿Qué hubo debajo del Paseo del Gran Capitán?. Y así un sinfín de monumentos desaparecidos, de los cuales hablaremos profundamente desde No Sólo la Mezquita.

    Quisiera acabar haciendo hincapié en que no permitamos que parte de nuestro legado caiga, y se olvide, dejemos el legado que nos hizo ser la ciudad que somos para que las generaciones futuras sepan lo que fuimos.


miércoles, 15 de febrero de 2017

LA FIEBRE AMARILLA QUE LLEGÓ A CÓRDOBA

    La ciudad no se libró de aquellas epidemias que asolaron Andalucía, la más fuerte que sufrió la urbe fue la peste que diezmó la población en el siglo XIII. No obstante, la conocida como fiebre amarilla no fue más amable y también dejó su huella en el entramado cordobés.

      ¿En qué consistía la fiebre amarilla? Según un texto recogido de la época "La enfermedad consistía en gravazón de cabeza, en sienes y ojos, dolor en las caderas y lomos, a lo que seguía calentura moderada con signos de plétora y postrazón de fuerza y pulso pequeño, indicio no dudoso de su malignidad, los vómitos atrabiliarios, las hemorragias por la nariz y por encías manifestaban la disolución, así como las ansiedades, delirios y otros síntomas nerviosos los atribuían a la debilidad de los pacientes... Al fin, siendo teñidos de pajizo los vómitos y los excrementos de algunos enfermos, y ellos mismos antes y después de muertos cubiertos del mismo color, convinieron que era la fiebre amarilla".

    Tras los trabajos de investigación publicados por Arejúla podemos saber que procedente de las Américas tres navíos: la polacra "Jupiter", las corbetas "Aguila" y "Delfín" llegan al puerto de Cádiz en julio de 1800. El foco de la también llamada vómito negro se inició en el barrio de Santa María de Cádiz propagándose de forma virulenta hasta Sevilla. Ciudades como Córdoba empiezan a tomar medidas, siendo la primera de ellas el cierre de la ciudad (algo muy normal cuando se trata de epidemias). 

     Pero en el año 1804 surge un nuevo brote de esta epidemia. En Córdoba el foco se inició en la Axerquía, en la calle Almonas (hoy día esta calle recibe el nombre de Gutiérrez de los Ríos), en el barrio de San Andrés. Algunos historiadores piensan que esta enfermedad vino dentro de un cargamento de lino, otros sin embargo piensan que la transmisión llegó a través de las larvas de unos insectos, y estas se formaban en las orzas donde las clases menos pudientes guardaban sus alimentos.

    Pero donde si se ponen de acuerdo todos los historiadores es que este foco se inició el 4 de septiembre de dicho año, y tras enfermar los miembros de esa zona, la enfermedad se expandió por todo el barrio de San Andrés, llegando a los barrios colindantes. Antes de que fuera demasiado tarde, las autoridades decidieron crear muros para concentrar el foco en una sola zona, dejándola aislada del resto de la ciudad. Se crearon postigos que servían de avituallamiento para estos vecinos que se encontraban en cuarentena. 

     El 26 de noviembre de dicho año se puso fin a la epidemia, se realizaron ofrendas a las parroquias, y se celebraron fiestas en honor a este acontecimiento, aunque el saldo final fue de más de 1500 fallecidos.




lunes, 16 de enero de 2017

LAS CASAS DE EXPÓSITO. UN RECUERDO QUE PERDURA EN EL TIEMPO.

    Posiblemente, Córdoba fuese una de las primeras ciudades en disponer de una fundación destinada a la acogida de los llamados niños expósitos. Situada junto a la plaza de la Magdalena, en el año 1385, Mayor Martinez, perteneciente a la rama de los Córdobas, mandó levantar la ermita de San José. Destinando dicha ermita a depósito de los niños perdidos. Con el tiempo, esta ermita pasó a llamarse Hospital de la Santa Cruz, el cual seguiría su propósito hasta que en torno a 1500 esta fundación se extinguió.

    El Cabildo catedralicio, despertando de su letargo, se dio cuenta de la realidad que vivía la sociedad cordobesa en cuanto el abandono de niños. Para poner fin a este sufrimiento, dispuso una de las galerías laterales en el Patio de los Naranjos como depósito de los niños abandonados, esperando con mayor o menor fortuna que los píos cordobeses adoptasen a estas criaturas o al menos, las alimentasen. De hecho, si pasáis por la Mezquita, fijaros que una de sus puertas aún mantiene el nombre con la que se conocía por ese hecho, la puerta de la leche.

    En el año 1586, la Iglesia cordobesa dota a la ciudad con una casa cuna, eligiendo para tal fin el hospital de Nuestra Señora de la Consolación, una vieja casa situada junto a la parroquia de San Pedro. Hoy día aún sigue la toponimia por la que se conocía tal calle. "El tornillo", en referencia al torno en el que eran depositados los niños. En 1599 se decide trasladar la casa cuna al hospital de San Jacinto, sede que retornaría a su antiguo emplazamiento en el año 1642. Emplazamiento que mantuvo hasta que el cabildo en 1816 decide trasladarla nuevamente, esta vez hasta el hospital de San Sebastián, un recinto próximo a la Mezquita y al propio obispado. El hospital de San Sebastián pasó en 1850 a disposición de la Diputación de Córdoba, realizando su cometido hasta el año 1961, año en el que el edificio fue clausurado.

    El caso de los niños expósito (el cuál hoy día nos ha legado tal apellido) es un caso digno de estudio de una sociedad tan amplia como lo fue la cordobesa. En un principio hubo quien quiso negar la existencia de un gran número de abandono de niños, pero la realidad es que si tanto el Cabildo Catedralicio como la nobleza del momento tuvieron que llevar a cabo una institución dedicada a recoger a estos niños es que el problema era más que evidente, es más, en los momentos finales de dicha institución, según recogen los artículos llevados a cabo por Enrique Aguilar o Álvarez de Santaolo nos dan unas cifras de 20.000 niños expósito durante los años 1770 hasta 1850. Siendo las condiciones de vida de estos niños, en la mayoría de los casos, paupérrimas, pues dependían en gran medida de la caridad de una sociedad que por aquel entonces o bien no quería, o no podía aportar. 




 

domingo, 8 de enero de 2017

LOUIS PEGAU. ORIGEN DEL "PEGO" CORDOBÉS.

Cuando sales fuera de Córdoba, irremediablemente te llevas contigo tu forma de hablar. Esto no es algo que guardes en un cajón y no lo uses mientras estás fuera. Y seguramente, al mantener alguna conversación con alguien de fuera de Córdoba le soltaste "esto es un pego", a lo que obviamente te contestarían "¿ehh? ¿pego? ¿eso qué es?. A lo que acto seguido, le vendrías con la definición de pego: bobada, disparate, tontería....

Bien, pero al igual que muchas expresiones y palabras que sólo se dicen en Córdoba, Pego tiene un porqué, un pasado histórico que nos transporta hasta el origen de la palabra misma, y el porqué sólo lo decimos aquí y no en otra ciudad más.

Esta vez, desde No Solo la Mezquita viajamos hasta la Córdoba del siglo XIX, época en la que un francés llamado Louis Pegau se afincó en la ciudad. Este hombre, uno de los más cultos de la ciudad, especialista en muchas disciplinas, entre ellas, la aeronáutica. Pero esta pasión la llevo al punto que se obsesionó. En los círculos más destacados de la sociedad cordobesa del momento, Pegau no hacía nada más que hablar sobre lo fascinante que fue para la sociedad francesa el primer vuelo tripulado, lo bonito de volar en globo y quería convertirse en el primer hombre en volar en globo en Córdoba.

Tras varias semanas de preparación, por fín, Pegau tiene listo su globo, muchos artesanos habían trabajado en ello, los jardines de la Merced, el lugar indicado para tal hazaña estaban preparados para recibir al primer hombre que volaría sobre la ciudad, y según cuentan las crónicas, unos 30.000 cordobeses y cordobesas se disponían expectantes para ver tal proeza. (hay que tener en cuenta que durante el siglo XIX la población cordobesa apenas sobrepasaba los 40.000).  

Con todo listo, y la gente impaciente, el globo aún no había cogido suficiente calor para emprender el vuelo, por lo que el bueno de Louis empezó a explicar el principio de Arquímedes para hacer amena la espera, pero pasaron los minutos, las horas y el globo seguía sin despegar, y aquellos cordobeses y cordobesas que antes estaban expectantes ahora estaban aburridos, y como es lógico, empezaron a abandonar el lugar.

Desde aquel entonces, en la capital cordobesa, cuando algo no funcionaba, no servía para nada o era una estupidez se empezó a decir, "mira como lo del Pegó", degenerando en nuestro "pego" actual. Así que cada vez que algo os parezca un pego, acordaros del pobre Louis Pegau, un adelantado a su tiempo que intentó pasar a la Historia de la ciudad por un motivo y acabó pasando por otro.

viernes, 16 de diciembre de 2016

LA MANCEBÍA EN LA CÓRDOBA DEL SIGLO XV

    Desde tiempos remotos han existido las conocidas como rameras, estas mujeres de la calle que vendían su cuerpo a quienes pudieran pagarlo. Tanto en el mundo griego, como en el romano se arbitraron medidas para ejercer algún tipo de control sobre estas rameras callejeras. Al margen de las prohibiciones y restricciones coránicas, en las grandes ciudades andalusíes existió algún tipo de reglamentación de la labor de las prostitutas. En la Córdoba califal, las mujeres de la vida debían abonar una tasa especial por el permiso de trabajo, así como tapar su rostro con un velo para diferenciarlas de las mujeres honradas. En lo que respecta a la creación de burdeles propiamente dichos, no hay testimonios en Andalucía hasta la llegada del siglo XIV. 

    A partir del siglo XIV y hasta su cierre, en el año 1623 la mancebía oficial se ubicaba en la collación de San Nicolás de la Ajerquía, por aquel entonces la collación de mayor importancia económica y comercial de la ciudad. Esta zona era de paso obligado para comerciantes y viajeros hacia Sevilla o hacia Castilla, siendo además, acceso principal al centro urbano. En dicha collación era normal que proliferasen talleres los talleres artesanos de toda índoles y los mesones. No había en aquella Córdoba un lugar más idóneo para emplazar una mancebía (jóvenes aprendices, comerciantes que en su largo recorrido pasaban muchas noches solos...).

    Las autoridades cordobesas ubicaron el burdel en un tramo de la calle Potro (la que se ubica más cercana a la calle de la Feria), en la circulación existente entre la Puerta de Baeza que seguía por la Carrera del Puente, la Alcaicería, a espaldas de la Catedral y su salida por la Puerta del Puente en dirección Sevilla. Y para evitar que las prostitutas empañaran la tranquilidad de los viajeros y comerciantes, ordenaron los regidores cerrar el acceso de la calleja con una puerta que aislase la mancebía de las calles. Tras la puerta, una muy estrecha calle acogía algunas boticas y los accesos a varios mesones especializados en el comercio carnal.

    Con el pasar de los años y el auge de población que Córdoba estaba obteniendo, el recinto se empezó a quedar pequeño, pues al ver más clientes, estos atrajeron a más mujeres, por lo que no tuvieron más remedio que instalarse en las casas colindantes a la mancebía, provocando un sinfín de altercados. Además, el deterioro del muro que delimitaba el adarve hicieron que los alarifes aconsejaran la reforma del lugar, y los regidores, para ahorrar dinero de las arcas públicas, autorizó la construcción de nuevos mesones y boticas para las rameras con la condición de que los propietarios se comprometieran con el mantenimiento de estas. La demanda de empresarios que solicitaban ayudar fue masiva, pues muchos vieron la oportunidad de entrar en un negocio que dejaba mucho dinero.

    Entre los más importantes dueños de los inmuebles del burdel nos encontramos al propio cabildo de la Catedral de Córdoba, que desde antaño poseía de algunas boticas sueltas. No es de extrañar esta vinculación entre la Iglesia y el negocio de la prostitución. Mas bien al contrario, era un fenómeno habitual en toda la Castilla de la época, avalado por la doctrina moral que otorgaba licitud a los beneficios obtenidos del alquiler de los burdeles si es que no había otro uso posible al que dedicar las casas de la Iglesia. 

    En definitiva, la prostitución era un negocio en el que todos salían ganando, todos menos las prostitutas, que veían como todos sacaban beneficio de ellas. Por un lado, el propio ayuntamiento de la ciudad, pues los impuestos que tanto las prostitutas como los empresarios debían de pagar lo hacían un negocio rentable, por otro lado los empresarios de las boticas y mesones que veían sus arcas llenas. Según las Ordenanzas del Concejo de Córdoba, fechadas en el año 1435, toda prostituta debía abonar un maravedí a los alguaciles al llegar por primera vez  ala ciudad; además se les pagaba otro maravedí cada sábado en concepto de protección oficial. Sabiendo que una de las prácticas clandestinas más habituales de las mujeres públicas era el de abandonar la mancebía por la noche en busca de nuevos clientes, los alguaciles empezaron a exigir a finales del siglo XV un real de plata para hacer la vista gorda ante esta infracción.

    Por tanto, podemos decir que la práctica reglada de la prostitución fue algo muy común en la Córdoba de la Edad Moderna, un negocio en el que participaban no sólo rameras y rufianes, sino que además participaron empresarios de toda índole, sea religiosa o civil, y que dieron la fama a una zona como era el Potro que le acompañó durante estos siglos. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

LA VÍA AUGUSTA EN SU PASO POR CÓRDOBA

       La red de calzadas por la Bética estaba estructurada por tres ejes fundamentales, siendo la Vía Augusta el eje principal, pues unía las cuatro ciudades (o concejos) más importantes Gadir, Hispalis, Astigis y Corduba. 

     
Milario romano
Las calzadas contaban distintos tipos de infraestructuras de apoyo, los mansos o mansiones, que eran lugares de descanso y provisión para caballería, encontrados más o menos cada 20 o 25 millas romanas (cada 35 kilómetros). También existían unas postas, que era el lugar de relevo de las caballerías. Por otro lado, también se encontraban en torno a estas calzadas, los miliarios, que no era otra cosa que el amojonamiento de estelas de piedra cerca de las vías a cada milla romana ( 1481 metros). Los tabellarii eran unos miliarios más pequeños, que se colocaban cada cien pasos. A su paso por Córdoba, podemos ver estos miliarios en la Cuesta del Espino, Cuesta de los Visos o en su recorrido hacia Alcolea. Los puentes eran otro tipo de Infraestructura muy usado en época romana para dar continuidad a la calzada y salvar el tramo de los ríos. El más importante de la Vía Augusta se encuentra en el río Guadalquivir a su paso por Córdoba.

       Centrándonos en Córdoba, la Vía Augusta, principal eje comunicativo del Imperio Romano en su paso por la Bética, transcurrió por la antigua carretera nacional IV hasta el kilómetro 396 dirigiéndose hacia la ciudad, cruzando el Guadalquivir mediante el Puente Romano hacia Aldea Quintana pasando por Cuestas de los Visos y la del Espino. En el año 2009, por unos arreglos en la calle Alfonso XIII se encontraron vestigios de esta vía en su paso por Córdoba, más concretamente el decumanus maximus, arteria principal de toda ciudad romana, que es la que corta la ciudad en dirección Este-Oeste.

     
Puerta gallegos
De las 78 hectáreas que formaban la Córdoba romana en época romana, podemos destacar de su muralla dos de las puertas de acceso por las que transcurrían las calzadas romanas, en primer lugar la conocida como Puerta Gallegos, fue la puerta de entrada y salida del camino romano hacia Hispalis (Sevilla), a través de la Vía Augusta. De hecho, si pasean por los Mausoleos romanos que se encuentran frente a ella podrán ver los restos de esta calzada que aún queda visible. También, la Puerta de Algeciras, que es como se conocía a la Puerta del Puente en época romana era la puerta de acceso desde el Sur de la ciudad, desembarcaban los barcos comerciales en su travesía por el río Guadalquivir en el cercano puerto existente en aquella época.

      El entramado de carreteras que los romanos realizaron hizo que las comunicaciones entre todas sus ciudades fuera más fáciles. Córduba, como capital de la Betica, y una de las ciudades más importantes del Imperio no podía quedarse atrás en cuanto a infraestructura, calzadas y caminos. En su paso por la ciudad, la Vía Augusta ha dejado su impronta en la ciudad aún después del paso de los siglos. 

lunes, 10 de octubre de 2016

NUESTRA GASTRONOMÍA. HISTORIA Y EVOLUCIÓN DEL PASTEL CORDOBÉS.

    Pronto llegará el día de San Rafael, y como es tradición para los cordobeses degustaremos un riquísimo pastel cordobés. Sin lugar a dudas, el dulce más representativo de nuestra ciudad. Este dulce creado en el siglo XIX por artesanos cordobeses sólo los podréis encontrar aquí, aunque si es cierto de que, aunque como tal, este dulce nació en la confitería artesana de la Córdoba de hace un par de siglos, su origen se remonta a unos cuantos siglos más atrás.
cabello de ángel

    Fue en época islámica, cuando Córdoba estaba a la cabeza de todos los avances intelectuales, tecnológicos, científicos y gastronómicos. Los musulmanes trajeron de Bagdad (entre otros productos) el cabello de ángel. Con él hacían multitud de pasteles de hojaldre que rellenaban con el producto de elaborar la cidra. 

    Estos tipo de pasteles sufrieron una transformación en la Baja Edad Media, y tras la repoblación cristiana de la ciudad, cuando los cristianos empezaron a incluir en esta receta la manteca de cerdo, la cual estaba prohibida para los musulmanes.

   

Pastel cordobés tradicional
Pero el origen como tal del nombrado pastel cordobés estuvo en la Confitería Mirita, quienes aprovecharon el exceso de cidra que se producía en Trassierra para sustituir los cortadillos de cidra por unos pasteles más grandes. Sin embargo, no sería esta confitería, sino otra, la conocida Confitería La Perla, quien empezó a incluir este pastel de forma sistemática entre sus otros productos, produciendo grandes cantidades de este dulce entre sus estantes. Pero quienes popularizaron el pastel cordobés a lo que hoy día es fue la Confitería San Rafael, quienes llevaron a tomar este dulce cordobés el día de la festividad de San Rafael.

    Actualmente se está popularizando una variante del pastel cordobés, en el que se incluye jamón serrano, pero esta no es la receta original, la cual sólo incluye el hojaldre, el cabello de ángel que va rellenando dicho hojaldre y espolvoreado con azúcar y canela.

Manolete
     
Otra variante del pastel es el conocido como Manolete, creado por José Delgado, el dueño de la Confitería San Rafael, quien en 1944, gracias al torero Manolete ideó un pastel cordobés de pequeñas dimensiones, pues el torero quiso agradar a sus amigos mexicanos con el pastel cordobés, pidiéndole al confitero que le confeccionase una docena. Debido al largo viaje, y para que estos se conservasen mejor los hizo más pequeños, nombrándolos como el torero.

    Si bien, este dulce de origen cordobés y con tradición islámica no has probado aún, entiendo que no eres de Córdoba, por eso invito a todo el mundo que el día 24 de octubre se deje caer por la ciudad y entre paseo y paseo deguste este singular dulce.

martes, 4 de octubre de 2016

TOPONIMIA. ¿QUÉ FUE Y PORQUÉ RECIBE EL NOMBRE LA CALLE CAPITULARES?

    La calle Capitulares es una de las calles más reconocidas y destacadas de la ciudad. Calle que ha sufrido un sin fin de transformaciones, y en la que actualmente está sufriendo un nuevo lavado de cara. Pero en el pasado esta calle recibió varios topónimos, siendo el de capitulares el último, y por ahora, definitivo. 

    Para conocer el motivo del topónimo actual debemos remontarnos al siglo XVI, pero antes de ello, quisiera remontarme a los orígenes de esta calle, cuando aparece documentada desde el siglo XIV recibiendo el nombre de calle Marmolejos. Por aquel entonces, la calle Marmolejos era la prolongación de la calle la Feria, extendiéndose paralelamente a la muralla hacia la plaza de San Salvador. Una parte de ella,  desde la calle de la Feria hasta el convento de los frailes predicadores (conocidos como Marmolejos). En aquellos tiempos, estaba ubicada parte de la calle a la collación de San Pedro, y la otra parte a la collación de San Andrés. El carácter comercial que tenía la calle la Feria era el mismo que tenía esta calle Marmolejos, encontrándose en ella tiendas, casas-tiendas y algunos mesones.

    Ya en el siglo XVI, se pretendió pasar la Casa capitular a una nueva ubicación, la calle Marmolejos (anteriormente estaba en la conocida calle Ambrosio de Morales). Para ese fin, se compró a los señores de Luque unas casa-tienda, los Arcolados, empezando las obras en 1594, terminando por completo las obras en 1731 con la compra de unas casas auxiliares.

     Bajo el nombre de calle del Ayuntamiento, en 1911 recibiría su nuevo topónimo, calle Joaquín Costa, siendo veinte años más tarde cuando recibiría la orden de pavimentación de la calle. El nombre de la calle vino en honor al político, economísta, historiador, quien fue el mayor representante del regeneracionismo español, quien murió el 8 de febrero de 1932 (el nombre de la calle se cambió el día 13 de febrero).

    Y tras el impás que supuso el nombre de Calvo Sotelo, en la cual se produjo el alumbrado en 1950, y se puso como centro de la ciudad la puerta del Ayuntamiento en 1970, Recibió el nombre que actualmente regenta en las paredes de la calle, Capitulares, en honor a esas casas capitulares que se instalaron en el siglo XVI como referentes de la política cordobesa.

miércoles, 27 de julio de 2016

EL ESCUDO DE CÓRDOBA. ORÍGENES Y EVOLUCIÓN

    

    En Córdoba usamos indistintamente el escudo de la ciudad como el sello, emblema del Ayuntamiento y Diputación. No siempre fue así y no debe de ser así, pues ambos tuvieron en el pasado fines totalmente distintos. Mientras que el escudo de armas era el idenficativo de la ciudad, la función del sello era la de acreditar la garantía de las órdenes y escritos, además del emblema que avalaba los productos de su industria.

Pendón real de San Jórge de Cáceres
    En cuanto al blasón de armas se refiere, este estuvo ligado desde su origen a la reconquista cristiana de la ciudad. Para historiadores de la talla de Ortí Belmonte, este escudo real tiene un gran parecido al antiguo estandarte y pendón real de San Jórge de Cáceres, el cual perteneció al rey Fernando III. Pero este no fue el primer escudo que la ciudad tuvo. Si nos atenemos a las referencias más antiguas del escudo de Córdoba, el primitivo blasón de la ciudad era un grifo hollando a un hombre con la leyenda latina: Han, qui Gryphus, equus, coepit, Rex. Fortis et equus. "El rey fuerte y justo, con caballo cual grifo tomó esta ciudad". Esta representación fernandina con la imagen del rey Santo a lomos de un corcel en pose de defensor de los reinos cristianos se puede ver hoy en la reja de la capilla real de la Catedral de Sevilla, lugar de su entierro, no quedando en Córdoba ningún lugar donde poder ver este primer escudo.

    Será a partir del siglo XVI, cuando la ciudad de Córdoba empezó a usar como escudo de armas el león rampante rodeado de una bordura de cuatro castillos y cuatro leones alternados. No existe una norma que impusiera un número específico de cuarteles, pues esta cantidad ha ido variando en número según la época y el momento. En el siglo XVIII el número de castillos y leones alternos fue variando de seis a un total de nueve. Mientras que un siglo después, el número volvió a pasar a cuatro.

    En cuanto al sello de la ciudad, el primer sello, que casualmente se encuentra en el archivo documental de la Casa de Medinaceli en Sevilla, se puede apreciar el antiguo alminar de Abd ar-Rahman III. En primer término del paisaje; el Guadalquivir, el Puente Romano y la noria de la Albolafia. En segundo lugar la primitiva configuración de la Puerta del Puente con las murallas de la ciudad. Y tras ellas los muros de la Mezquita, y tras el alminar, la presencia de palmeras.

    Este también ha sufrido severas modificaciones a lo largo de los siglos, pues en el siglo XV, era mucho más esquemático, representándose el Puente, la Albolafia a la izquierda, la Mezquita con el alminar rematado en semiesfera bulbosa, y las palmeras flanqueando la torre islámica. Siendo el actual un tanto parecido al primigenio, sustituyendo el alminar por la torre de la catedral, apareciendo la noria y la erradicación de las murallas, sustituyéndolas por un conjunto de casas. 

      

viernes, 15 de julio de 2016

SAN ACISCLO Y SANTA VICTORIA. ENTRE LA LEYENDA Y LA REALIDAD

   
Son muchos los cordobeses y foráneos que se equivocan al distinguir entre los patrones de la ciudad y su ángel custodio. San Rafael no es y nunca fue el patrón de Córdoba, sino que este título recae en San Acisclo y Santa Victoria. Y aunque es bien conocida la leyenda de San Rafael quizás es menos conocida la de nuestros Santos Patrones.

    Según nos cuentan los antiguos escritos, Acisclo y Victoria nacieron a comienzos del siglo III, cuando la conquista romana había finalizado y empezaba el proceso de romanización de todas los ciudades conquistadas. Estos dos personajes, hermanos, nacieron en la Puerta del Colodro, quedando a una temprana edad huérfanos y al cuidado de una matrona que los educaría en el santo temor de Dios.

    La leyenda cuenta como por ese entonces, cuando la fama de los hermanos empezaba a incomodar a los romanos llegó a la ciudad el pretor Dión, quien publicó un edicto amenazante sobre quienes no cumplieran el culto a los dioses romanos. Acisclo y Victoria fueron llevados hasta el pretor y comenzó un severo interrogatorio donde los jóvenes hermanos no sólo no se retractaban de su fe y sus acciones sino que acometían con valentía. 

    La tortura a la que fueron sometidos fue cruel y desproporcionada, en primer lugar, tras el ingreso a prisión, Acisclo fue torturado mediante azote con varas y Victoria mediante la introducción de puntas de acero en plantas de los pies. Como los hermanos seguían manteniendo la actitud arrogante, fueron condenados a morir en la hoguera. Estos entraron alegres al fuego haciéndose la señal de la cruz, pero por milagro divino salieron ilesos de las llamas. 

    Tras estos hechos, el pretor romano mandó arrojarlos al río colgándoles al cuello grandes piedras de molinos. La leyenda nos dice que no sólo no se ahogaron, sino que caminaron por encima de las aguas. La siguiente tortura que Dión ordenó realizar sobre Acisclo y Victoria fue la de atarles a una rueda con garfios que al girar sobre una hoguera desgarraría y despedazaría sus cuerpos a la vez que lo abrasaban, pero el artilugio falló, el fuego se apagó y los hermanos siguieron con vida.

   Finalmente, ya cansado y enfadado Dión mandó violar primero y asaetar después a Victoria, mientras que a su hermano Acisclo lo mandó degollar y descuartizar. De esta manera los hermanos murieron, siéndoles otorgado el título de mártires y desde entonces patrones de la ciudad de Córdoba. En el triunfo de San Rafael que se encuentra en la Puerta del Puente se puede ver los dos santos mártires portando las armas con las que murieron, siendo ligadas desde entonces a su iconografía.

    Pero.... ¿qué hay de cierto en la leyenda? ¿qué debemos de creernos?. Para empezar, el proceso de romanización fue mucho más temprano de lo que la leyenda nos dice, si es verdad que en zonas cántabras esto apenas sucedería, en Córdoba especialmente esta romanización se llevó de manera más temprana y rápida. No debemos de olvidar que el emperador Augusto ya nombró a Córdoba con el status de Colonia Patricia (esto no hubiera sido posible sin una romanización). 

   Si bien, la mayor controversia que existe entre la realidad y la leyenda es la propia existencia de Victoria. El primero en pronunciarse, José María de Mena Calvo, recoge en el Boletín de la Real Academia de Córdoba en el año 1994 los escritos del historiador eclesiástico Ángel Fábregas Grau. En estos escritos, Fábregas Grau realiza un estudio que pone en duda la existencia de la hermana de Acisclo, tras estudiar unas inscripciones mozárabes donde se menciona a Acisclo pero no hay ningún rastro de Victoria. Además, apoya su teoría en que en la obra de San Eulogio no se menciona a Victoria en su lista de mártires cordobeses. Además, en el calendario que el obispo Recismundo realizó en el año 961 hace mención a San Acisclo pero no a su hermana. 

    Con estas evidencias documentales de que Victoria no existe, ¿cómo es que llega a nosotros la leyenda popular de los dos hermanos mártires? Para responder a eso debemos de mirar hacia el siglo XVI, cuando tras las obras de la iglesia de San Pedro se hace el descubrimiento de unas inscripciones donde se interpreta de forma errónea y de ese modo se dio vida a Victoria como hermana de Acisclo en lugar de la Victoria de Acisclo.

      Sea como fuere, desde entonces, en el devenir popular de la ciudad de Córdoba ha pasado como que Acisclo y Victoria son los santos patrones de la ciudad, mártires que procesaron la fe cristiana en un momento de persecución muy dura como la fue la de Diocleciano, instigando valor a los cristianos que de una manera u otra lucharon por sus creencias. Si bien, ya se tiende a ver como que la figura de Victoria no existió y que el Santo Mártir fue tan sólo Acisclo.




miércoles, 29 de junio de 2016

¿DÓNDE VIVIMOS? ORÍGENES DE CÓRDOBA. LA HUERTA DE LA REINA

     La Huerta de la Reina, esa barriada que se enmarca en el distrito noroeste de la ciudad y  delimitada por la Avenida de la Libertad, la avenida Tenor Pedro Lavirgen, y las avenidas del Brillante y Llanos del Pretorio. Sus orígenes como barriada se remontan a la llegada del ferrocarril a la propia Córdoba. Pues debido a la construcción de las líneas ferroviarias se tuvo la necesidad de alojar a los obreros, siendo este lugar uno de ellos. Bien, el nombre que recibe dicha barriada, Huerta de la Reina, es recogido en honor a una antigua huerta que recibía el mismo nombre, y hasta aquí es lo que se conoce de este lugar. Pero, ¿Qué mas se sabe? ¿siempre fue huerta?, ¿a qué reina se refiere?
Durante la época musulmana, la ciudad de Córdoba se encontraba rodeada por una muralla, siendo el límite de esta muralla por el norte la que se conoce actualmente como Calle Ronda de los Tejares, de hecho, si se observa con detenimiento, restos de esta muralla, que también coincide con el trazado de la muralla romana, se puede ver por las cristaleras del Banco Cajasur que se encuentra frente al Corte Ingles. 

     Fuera de estos muros, desde la conocida Puerta Osario, conocida en aquella época como la Puerta Bab al- Yähud, o puerta de los judíos. Tras esa puerta, lindaba un cementerio conocido como Umm Salama, siendo con toda seguridad el cementerio más grande e importante de la Córdoba islámica. El nombre viene dado en honor a la nieta de Al-Hakam I, que fue también esposa del emir Muhammad I.  Este cementerio que fue ampliado en la parte final de la ocupación musulmana en Córdoba, sustituyó al conocido como Arrabal de los bordadores (rabad al Tarrazin).

     Será tras la conquista cuando el topónimo de Huerta de la Reina aparezca. Según las concesiones que el rey santo dio a cada una de las ordenes militares, a la Iglesia y a aquellos que lucharon por la reconquista de la ciudad, Fernando III otorgaría a estas lindes a San Pedro de Nolasco, quien en estos terrenos construyó los cimientos del hoy conocido como convento de la Merced. A tenor de las circunstancias matrimoniales, donde la reina Beatriz de Suabia, primer esposa del rey santo falleció en 1235, y la segunda esposa, la reina Juana de Ponthieu, casó con Fernando III en 1237, el topónimo se refiere a la reina madre Doña Berenguela (casualmente este barrio tiene una calle en su nombre).

    En el año 1305, la Huerta de la reina fue vendida para explotarla a otro de los grandes nombres de la reconquista, Pay Arias de Castro, señor de Espejo, que fue pasando por heredad hasta su bisnieta Beatriz Paes, quien la vendió a Alfonso Martinez, señor de las Albolafias. En 1401 este vendió la Huerta a Alfonso de Sousa, Alcalde Mayor de Córdoba, de la que pasaría a Leonor de Córdoba. Finalmente, las crónicas acaban con la Huerta de la reina en manos de la familia de Henestrosa, sin poder conocer quien fue el último de sus dueños.

    Hubo varios intentos de donar la Huerta de la Reina a la Iglesia, pero el encarecimiento que tenía su cuidado hizo que el cabildo catedralicio negara dicha donación, haciéndose cargo de ella miembros de la Orden de Calatrava, según recogen las crónicas. En esta primera época, el tamaño era tan grande que estaba dividida en dos: la Huerta de la Reina alta (o la de fuera) y Huerta de la Reina Baja (o de dentro),  Abarcando sus lindes con la frontera de las Huertas del Tablero bajo hasta el Convento de la Merced, el Convento de Santa Maria de las Duelas y con el Convento Real de San Pablo.

      Con el tiempo la Huerta de la Reina ha ido avanzando, tal como se dijo al principio, fue evolucionando como barriada junto con la llegada del ferrocarril, pero antaño fue una de las más fructíferas huertas del reino, y de la ciudad, dedicada a la Reina Berenguela, y antes de ello perteneció a un arrabal y un cementerio musulmán, dedicado a otra reina Salama.