lunes, 20 de abril de 2015

¿CUIDAMOS NUESTRO PATRIMONIO?

        El buen tiempo se va aproximando, los turistas no dejan de venir a nuestra ciudad, y día tras día me pregunto si de verdad los cordobeses sabemos lo que tenemos, si lo cuidamos y respetamos. Por suerte o por desgracia el turismo es la fuente de ingresos de la mayor parte de la población cordobesa: hoteles, restaurantes, guías, agencias de viajes, restauradores, historiadores, tiendas, espectáculos... prácticamente todo gira alrededor del turismo. Debemos de hacer que nuestra ciudad prospere, y no podemos esperar a que aquellos que nos gobiernan hagan algo por ello, porque me han demostrado que esto del patrimonio y la historia les trae sin cuidado. Pienso que somos los cordobeses de a pie los que debemos de dar el primer paso.

       Es necesario bien poco para darse cuenta de que por desgracia, una vez más los cordobeses sólo se vuelcan en la ciudad si hay algún evento importante, véase la candidatura para la Capital Europea de la Cultura en el año 2016, la Copa Davids, o el reciente Flamenking. Pero la realidad es mucho más triste, cuando se trata de cuidar lo nuestro, de proteger la Historia de nuestra ciudad, nosotros le damos la espalda a Córdoba, y así, lo siento, pero no podremos evolucionar ni como ciudad ni como ciudadanos. No hasta que nos demos cuenta de lo que tenemos. Ya basta de estar peleándonos por si la Mezquita es de la iglesia o no debe de serlo, primero debemos de cambiar otras muchas cosas, y una de ellas es el comportamiento hacia nuestro legado.

        El Casco Histórico en su conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural, Córdoba Ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1994 por la UNESCO. Sólo hace falta dar una pequeña vuelta para darse cuenta de que no está ni mucho menos bien cuidado. Repito, si esperamos a que el Ayuntamiento haga algo mal vamos, debemos ser los primeros en protegerlo. Da vergüenza ajena ver esculturas con graffitis, Monumentos Históricos como el Alminar de San Juan rebozado en basura, pintadas en calles emblemáticas como la calle de la Hoguera. No nos damos cuenta pero en el año 2014 se ha invertido más de 228.000 euros en limpiar y restaurar monumentos. Imaginarse la cantidad de cosas donde se pudo haber invertido ese dinero. La triste verdad es que no respetamos nada, podemos tirar basura en medio de la naturaleza como arrojarla en un monumento, pintar una escultura como una calle histórica. 

         Pocos sois los que lo leeréis (bienvenidos sois y tendréis mi gratitud eterna) algunos supongo que no compartiréis mi desasosiego, pero espero encender una chispa que se propague tan rápido y nos ayude a reflexionar que tipo de sociedad somos que permitimos destruir un legado histórico que nos dejaron culturas como la romana, la visigoda, islámica y judía. 

lunes, 13 de abril de 2015

DESASTRES DE LA NATURALEZA. LOS TERREMOTOS

        Grandes terremotos diezmaron a las grandes civilizaciones de la Historia, no podemos ignorar que en Córdoba también sucedieron y en menor medida pero también dejaron su impronta en la ciudad. Ni mucho menos podemos comparar los terremotos que han sucedido a lo largo de la historia con los más viles y destructivos que dejaron en la nada a grandes ciudades, pero sí hay varios que marcaron el terror en los rostros de los cordobeses.
      
         Se debe de empezar haciendo referencia al primer gran terremoto que las evidencias arqueológicas han dejado huella, el terremoto acaecido en la época romana, cuando la ciudad gozaba del estatus de Colonia Patricia y estaba viviendo una de sus mejores etapas. En el siglo III (aproximadamente entre el 250 y el 275) tras el estudio del teatro romano de Córdoba se ha podido conocer que durante esta fecha cronológica la ciudad vivió el terror que produce un gran terremoto. Este terremoto dejó una impronta de 8 metros de longitud y 0,2 cm de anchura en el edificio de estudio (el teatro). Esto dejó claro que este terremoto tuvo grandes repercusiones llegando a dañar multitud de edificaciones, incluyendo el acueducto y la red hidráulica de la ciudad. Como consecuencia, el abandono sistemático de edificios como el Circo, el Teatro, el Templo de Claudio Marcelo fueron degenerando en la ciudad un abandono paulatino de la importancia que había tenido hasta entonces.

              El 9 de octubre de 1680 se produjo en Málaga uno de los peores terremotos sucedidos en el sudeste andaluz, tal fue la magnitud que las propias crónicas cordobesas lo recogieron, siendo sus consecuencias prolongadas hasta la capital (aunque aquí no recibiera daños, si es cierto que en Cabra, Lucena o Priego de Córdoba, a 75 kilómetros del epicentro si se tuvieron consecuencias estructurales en murallas y edificios).

              Considerado como el terremoto de peores consecuencias ocurrido en la Península Ibérica, e
l terremoto de Lisboa, ocurrido el 1 de noviembre de 1755 a las 10 de la mañana tuvo graves consecuencias en la ciudad cordobesa. Las crónicas recogieron este suceso debido a la gran magnitud del mismo. Si es verdad que no hubo que lamentar muertos, tan sólo una herida, una niña a la que se le cayó una imagen de Santa Inés en el convento del mismo nombre. Sin embargo, si se anotaron importantes destrucciones en los edificios, siendo los barrios de Santa Marina y San Lorenzo los que acapararon las peores consecuencias. Las torres del campanario de ambas iglesias quedaron diezmadas, siendo tal su estado que el corregidor prohibió el acceso a los carros por dichas zonas y el desalojo de las viviendas próximas. En la Mezquita, algunos muros se resquebrajaron, los cuerpos superiores quedaron en tal mal estado que tuvieron que ser derribados para no causar posibles un posible desplome. Del Convento de San Francisco, fue el altar y la capilla mayor los que sí se llegaron a desplomar, Del Convento de Santa Catalina se resquebrajaron algunos sillares de las paredes, al igual que del Convento de la Encarnación, el cuál tuvo a posteriori que reparar su fachada. 

            Registraron también las crónicas el terremoto de 1821, el cual se llegó a sentir tanto en la capital como en la provincia, pero del que no hubo que lamentar daños, ni materiales ni físicos. Otra cosa fue lo que sucedería sesenta años después, el 25 de diciembre de 1884, el conocido como Terremoto de Andalucía, el cual, con una escala de 6,3 Ritchet, devastó Granada y se dejó sentir en el resto de Andalucía. Córdoba, que donaría 55.592,89 pesetas (de aquella época) también sufrió algún daño en sus inmuebles, siendo el más destacado el desplome de la torre de San Lorenzo.

              Los terremotos de 1930 y 1951, este último con una duración de 15 segundos, abarcaron la mitad sur de España, los daños materiales fueron muy grandes, produciéndose el hundimiento de varios edificios. El caos recorrió las calles de la ciudad y el miedo se vislumbró en la mirada de cada cordobés.

                La Tierra se mueve, las placas tectonicas también, y la colisión entre ellas son las que generan estos seísmos. Por suerte el epicentro de estos seísmos no ha tenido origen alguno en la ciudad, por suerte los más devastadores de los que Córdoba ha presenciado no se cobraron ninguna vida. Estos han sido los más sentidos, pero es cierto que han existido más, tal y como sigue ocurriendo en la actualidad, esperemos no sentir ninguno tan fuerte que el miedo se apodere de nosotros.
            

jueves, 19 de marzo de 2015

CÓRDOBA, LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA CIUDAD

      Córdoba siempre ha sido una ciudad en constante expansión. Si echamos la vista atrás y se pudiera ver el trazo de aquel asentamiento Turdetano que se encontraba en la Colina de los Quemados, nos sorprendería la expansión sufrida por la ciudad, siendo esta una Córdoba totalmente irreconocible.

     De aquel poblado íbero tan sólo nos queda el recuerdo de aquellos que estudiamos con profundidad nuestras raíces. Un legado histórico que hoy día duerme bajo las pisadas de aquellos que caminan sobre el circuito del Parque Cruz Conde. Son pocos los vestigios históricos que nos quedan de aquellos tiempos, la gran mayoría de ellos tras los muros que forman el Museo Arqueológico de la ciudad. 
La Córdoba Turdetana


      La ubicación del poblado estaba próxima a uno de los vados del río, siendo esta condición indispensable para la instalación de las casas, formadas según nos ha mostrado la arqueología por muros de cantos rodados unidos a barro y con la techumbre vegetal. La dimensión del poblado sería de más de 50 hectáreas.

      Tras la derrota de los cartagineses en la batalla de Ilipa en el año 206 a.C Roma empezará a fijarse en las tierras que rodean al Valle del Guadalquivir, y en especial en Corduba, el nombre que recibía el asentamiento Turdetano afincado en estas tierras, pero no será hasta el año 169 a.C cuando el Pretor Marco Claudio Marcelo fundará, sobre un anterior asentamiento militar la ciudad, situado a escasos metros del poblado íbero.  

      Con 47,6 hectáreas, la nueva urbe romana, ubicada en la colina más alta de la actual ciudad fue considerada desde el primer momento de su existencia como la capital de la Hispania Ulterior, hecho que nos muestra la importancia que esta ciudad tuvo respecto a Roma. Esta primitiva ciudad romana, en convivencia con el poblado íbero poco a poco fue creciendo en importancia y en demografía, pues aquellos habitantes del antiguo asentamiento fueron despoblando éste, abandonándolo poco a poco e ingresando en la ciudad que fundó aquel Pretor romano hace tiempo. 

      Tras la victoria de Cayo Julio Cesar en el conflicto civil que le enfrentó a Pompeyo, el nuevo Dictador de Roma mandó arrasar la ciudad cordobesa debido a que los ciudadanos tomaron partido en favor del derrotado, las consecuencias fueron devastadoras, 20.000 cordobeses fueron asesinados y la ciudad destruida, pero esto no frenó el auge de Córdoba, que tras volver a levantarse siguió siendo de gran importancia para el Imperio Romano. La ciudad sufriría un nueva evolución, un crecimiento demográfico que concluiría con la expansión de las murallas y el ensanchamiento de la ciudad.

La Córdoba romana del siglo I

       En época musulmana, las viejas murallas de la ciudad se encontraban en un estado lamentable, siendo estas reconstruidas durante el turbulento suceso de la guerra civil que dio paso a la llegada de los reinos Taifas. Tiempo después, tras el progresivo acercamiento de los reinos cristianos, los musulmanes vieron la emergente necesidad de ampliar el recinto amurallado de la ciudad, protegiendo los arrabales anexos que por aquel entonces se encontraban extramuros. De esta manera la ciudad quedaría dividida en dos partes: el recinto primigenio, denominado como Madina; y por otro lado el nuevo recinto amurallado, conocido como Axerquía.
       Tras la conquista de la ciudad por parte de las tropas cristianas comandadas por Fernando III en el año 1236 se mantienen y restauran las murallas, siguiendo con la distribución de Madina y Axerquía, pero dividiendo la ciudad en catorce collaciones; siete en la medina y otras siete en la axerquía. Cada una de las collaciones estaría respaldada por una iglesia que sería la que le daría nombre. Con el confinamiento de la población judía en el Alcázar Viejo durante los conflictos de 1391 se tuvo la necesidad de repoblar la Judería, por lo que se creó la collación bajo la advocación de San Bartolomé, figurando como tal desde 1410.


      Durante la Edad Moderna, las murallas sufren pocos cambios, son notables las aperturas de nuevas puertas como la Puerta establecida en la Cuesta de Luján en el siglo XVI, sirviendo esta de paso entre la Villa y la Ajerquía. Esta puerta fue abierta por el corregidor Hernando Pérez de Luján, de ahí el nombre, en el año 1531. La puerta de Andújar, tras hundirse una de las torres anexas en el mismo siglo XVI fue trasladada a la calle Muñices dándole un aspecto más gótico. Y por último, la conocida como Puerta Nueva, que se realizó expresamente para recibir la llegada del rey Felipe II.

         A mediados del siglo XIX la muralla perdió su utilidad, tanto en su función militar como en su función aduanera. A partir de ese momento, tanto las murallas como las puertas fueron destruidas progresivamente. La primera puerta en caer fue la Puerta del Rincón en el año 1852 y la última la Puerta de Osario en 1904. Tan sólo nos queda el vestigio histórico de la Puerta de Almodóvar como recuerdo de tiempos pasados, donde romanos y musulmanes entraban y salían de la ciudad por ella. Respecto a las murallas, tampoco nos queda mucho recuerdo, tan solo el lienzo de muralla que recorre la calle Cairuán, la muralla de la Huerta del Alcázar y la que recorre la Ronda del Marrubial. 

Recuerdo de lo que fue la Puerta Osario









lunes, 24 de noviembre de 2014

EL CEMENTERIO PROTESTANTE DE CÓRDOBA.

         Los cordobeses de cierta edad conocerán este tema de sobremanera, pero quizás muy pocos jóvenes tienen constancia de que en Córdoba hubo un cementerio para protestantes, y que este cementerio estaba situado en la actual glorieta que está situada entre la gasolinera GALP y el Barrio del Naranjo, y de hecho, esta glorieta recibe el nombre de Duncan Shaw en honor al percusor de este cementerio protestante.

         
¿Quién es Duncan Shaw? pues Duncan Shaw fue un empresario escocés que vino a Córdoba  en 1840 en busca de las riquezas de Sierra Morena, en calidad de joven perito de minas. Fue fundador del Círculo de la Amistad, dueño de una fábrica de plomo (en la actual Chinales) y precursor de la línea de ferrocarril que se empezaría a gestionar en la ciudad, es decir, uno de los hombres más influyentes de la época.

         Esta posición social del empresario escocés lo llevaron a escribir varias cartas al Diario Córdoba pidiendo una libertad y un respeto del culto protestante, estamos en enero de 1869, pero no sería hasta unos años más tarde cuando la polémica respecto a este tema volvió a salir a la luz pública. 

          En 1871 murió un niño, Rafael Campillo, el primer miembro de la recién comunidad de protestantes cordobeses, y ante la negativa de la Iglesia cordobesa de dar sepultura al niño en el cementerio de San Rafael (donde estaba estipulado su sepelio). Este hecho marcó a Duncan Shaw construyendo un anexo de su fábrica de plomo y creando allí el primer cementerio protestante de la ciudad cordobesa con el beneplácito del gobernador civil.



             Este cementerio soportaría a duras penas los estragos de la Guerra Civil siendo destruido y abandonado en su totalidad en el año 1969, cuando el, por aquel entonces, Alcalde de Córdoba Antonio Cruz Conde trasladaría las maltrechas y expoliadas tumbas a un anexo en el Cementerio de San Rafael, donde perduran hoy día.

martes, 21 de octubre de 2014

¿QUIEN VIVÍA AQUÍ? EL PALACIO DE LOS MEDINA SIDONIA

  Hace tiempo escribí sobre las Casas Solariegas existentes en Córdoba
(http://nosololamezquita.blogspot.com.es/2013/08/las-casas-solariegas.html). Una de estas casas está situada en la calle Rey Heredia Nº13, es facil de reconocer por su fachada frontal de arcos de medio punto, y sobre la cual, se puede ver un escudo de armas, que nada tiene que ver con el de sus dueños originales.

          Una vez situados ante tan majestuoso símbolo de poder, tanto para el cordobés que desconozca la historia de la casa, como para aquel turista que pretende perderse ante las maravillas que las calles de la Judería esconde, quizás se pregunte, ¿quién vivió allí? La respuesta, aunque sencilla, esconde una gran historia. Esta casa fue en su día el Palacio de los Medina Sidonia.

         
Árbol genealógico hasta Enrique de Castilla por la rama materna
Debemos remontarnos a la época de la reconquista de Córdoba, año 1236, y hacer una breve recopilación desde entonces para que se entienda mejor la importancia de este lugar. Fernando III el Santo hace un repartimiento de la ciudad entre aquellos nobles que ayudaron a reconquistar la ciudad. El 24 de julio de 1237 lleva a Domingo Muñoz el Aladid a recibir un palacete árabe que el rey Santo bautizó como Casas Altas. Domingo, sin embargo, donaría estas casas a su hija Doña Oragilda, cuando esta se casó con Fernán Nuñez de Temez,

            A finales del siglo XIII este antiguo palacio árabe perteneció a Alfonso Fernández, (hijo de Fernán Alfonso y Urraca González, y nieto de Fernán Nuñez de Temez y Oragilda Muñoz) y a su esposa Constanza Álvarez. Tras la muerte de Alfonso Férnandez y su esposa sin descendencia, el palacio pasó de nuevo a Fernán Alfonso, quien lo donó a su hija Juana Fernández.

             Juana Fernández se casó con Gómez Férnandez, segundo Señor de Santa Eufemia teniendo de ese enlace una hija, María Gómez Carrillo, que se casó con Alfonso de Sousa, Alcalde mayor de Córdoba, heredando de esa forma el palacio conocido como Casas Altas.Y es aquí cuando el nombre de Casas Altas cambiará a Palacio del Duque, y posteriormente a Palacio del Duque de Medina Sidonia porque este Palacio mudéjar del siglo XIV, perteneció a Enrique de Castilla, Primer Duque de Medina Sidonia, Conde de Cabra entre otros títulos.

            Este Enrique de Castilla es el hijo bastardo de Enrique II de Castilla y la dama cordobesa Juana de Sousa, nacido en el año 1365, el cómo y el donde se conocieron es algo que se desconoce, pero si se sabe que Juana de Sousa fue la hija de Vasco Alfonso de Sousa, y María Gómez Carrillo. Este sería el segundo hijo de esta relación extramatrimonial.

A la izquierda está el escudo de Enrique de Castilla
         En 1380 recibiría el título de Duque de Medina Sidonia, siendo este el primero de tan noble casa, y debido a los vínculos maternales que le unían a la ciudad de Córdoba, estableció aquí su residencia. Poco se sabe de la vida de este hijo bastardo, entre lo que se conoce destaca su escudo de armas, una evolución del escudo de los Sousa, y nada tiene que ver con el blasón que se encuentra en la fachada principal del hogar. El tema de que muriera sin descendencia hacer ver la posibilidad de que los genealogístas de la época no le dieran importancia a la vida de este hijo.

         
Sin embargo, se sabe que tras su muerte sin descendencia en 1404 la herencia recayó sobre su madre Juana, y una vez muerta ella en 1442, el palacio mujéjar paso a formar parte de la rama Sousa, a favor de su sobrino Juan Alfonso de Sousa y su mujer Isabel Fernández, hasta que en 1569 la propiedad (que por aquel entonces ya estaba dividida entre la casa nº9 y la casa nº15) fue vendida a Don Diego Lopez de Haro, (Diego de Haro y Portocarrero primer Marqués del Carpio) y permaneció ligada a esta casa hasta el año 1590, cuando fue vendida Rodrigo de Armenta, dando pie a la estancia a una nueva estirpe nobiliaria cordobesa. El escudo que se vislumbra en la fachada es el de los Armenta, hubicado en la fachada sobre el año 1636, gracias a las obras realizadas por el Arcediano Damian de Armenta. Tras la muerte de este poco se sabe de sus huéspedes, tan solo que en 1838 pasaría a manos de Juan Antonio Conde, y que en 1975 pertenecía a Enrique Merino.

         Y es de esta forma como un palacio de época islámica ha pervivido hasta nuestra época, viendo pasar los siglos ante sus numerosos y distinguidos inquilinos, sabiendo mantenerse impasible tras tantas reformas. Para mi, una joya patrimonial que trae mucha historia y que pocos conocen.

            

lunes, 6 de octubre de 2014

CÓRDOBA A TRAVÉS DE SUS ESTATUAS: EL DUQUE DE RIVAS

     Queremos abrir una nueva sección dentro de nuestro blog. Una mirada de Córdoba a través de sus estatuas. Para abrir esta nueva iniciativa nada más y nada menos que el Duque de Rivas. Pero ¿Quién es este personaje? ¿Y por qué se le hizo una estatua en su honor?.
     Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano fue un escritor nacido en Córdoba allá por el año 1791, fue el III Duque de Rivas ( uno de los grandes títulos de nobiliarios de España). Nació en la casa situada en la calle Ángel de Saavedra, la casa que después sería comprada por los Carbonell (hoy sala de exposiciones de Vimcorsa). 
  
     Este hombre combatió en la guerra contra los franceses en 1809, dedicándose después a la literatura. Perseguido por el regimen absolutista de Fernando VII se exilia en Gibraltar, y de allí marcha a Inglaterra, donde permanecerá hasta la muerte del rey en 1833. 

    En 1836 fue nombrado Ministro de Gobernación, aunque es acusado de retrógrado y vuelto a marchar al exilio, hasta que de nuevo puede volver a España, y en su afán político, vuelve como Senador por Córdoba y embajador de España en Nápoles  entre los años 1844 y 1850. De aquí a su muerte en 1865 sería miembro de la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Bellas Artes, y durante dos días, fue Presidente del Gobierno. 

    La estatua del Duque de Rivas se encuentra emplazada en el los Jardines de la Victoria, junto a la Pérgola y cualquier persona que lo desee podrá ir a contemplarla.

lunes, 8 de septiembre de 2014

LA COLINA DE LOS QUEMADOS Y NUESTRO PASADO IBERO

       A Córdoba se le conoce muy bien por su pasado como capital de Al-Andalus,  y también por el romano donde fue capital de la Betica. En ambas épocas Córdoba fue cuna de la sabiduría, además de ser una ciudad en progreso y muy importante. Pero muy poco se conoce del pasado Íbero, un pasado para mí muy importante, tanto que aún se mantiene algo de él en nuestro nombre, pues el sufijo -uba (actual -oba) viene de nuestros antepasados íberos. Pues aunque muchos lo desconozcan, el toponimo de Córdoba ha sobrevivido desde entonces, 

      Por un lado tenemos la raíz Cord, que según algunos autores viene del indoeuropeo Kard- que significa: "piedra""pedregoso". También el sufijo -uba viene del Indoeuropeo y significa "agua", "río", (aunque antiguamente se pensaba que significaba ciudad). Por tanto Corduba podría significar "Río pedregoso" 

      Desde el III Milenio a.C hay un cambio de asentamiento, la población se traslada al lado izquierdo de la orilla del actual río Guadalquivir, esa emigración se verá ininterrumpida hasta el siglo II a.C, y ya por entonces el nombre Corduba empieza a resonar con fuerza. E incluso, en el siglo VIII a. C se empieza a vislumbrar un asentamiento protourbano con una marcada e importante función de control del territorio así como su explotación. La explotación de los metales de Sierra Morena así como una agricultura arraigada hicieron del lugar un enclave importante.

         Será en la conocida como Colina de los Quemados donde un grupo de Turdetanos establecerá su asentamiento. Se trata de una colina alargada, elevada sobre la llanura aluvial, siendo este el lugar elegido por los turdetanos hasta la llegada del General Claudio Marcelo allá por el siglo II a.C. 

         El trabajo de arqueólogos de gran renombre como Diego Ruíz Mata y Jose María Luzón supuso un avance importante para conocer bien este lugar. Los hallazgos de esta impresionante labor que realizaron se pueden ver en el Museo Arqueológico de Córdoba. 

      Tras la llegada de los romanos a la Península Ibérica para luchar contra los cartagineses decidieron quedarse tras ver los enriquecedores lugares que aquí se vislumbraban. Cuando llegaron a Córdoba, a sabiendas de que había un asentamiento turdetano, decidieron establecerse en otro lugar a unos metros del anterior asentamiento, haciendo que gradualmente los primeros pobladores turdetanos fueran abandonando su antiguo  asentamiento para formar parte del nuevo y grandioso romano. Terminando de esa manera los días gloriosos del asentamiento turdetano de la Colina de los Quemados.

     ¿Dónde se encuentra la Colina de los Quemados? Si hoy fueramos a ver el lugar donde se encontraba este asentamiento, deberíamos dirigirnos al cementerio de Nuestra Señora de la Salud, de allí al Parque Cruz Conde (conocido como el circuito del ColaCao), siguiendo hasta el Hospital Provincial y terminando en la zona más alta del Fontanar. Desde allí subiríamos hasta Menendez Pidal, y de allí hasta Vistaalegre. 
     



        También debemos tener en cuenta al autor Ramírez de Arellano, quien habiendo estudiado el lugar sitúa un puente de piedra en el lugar, este puente podría estar situado en el actual Jardín Botánico, que comunicaba el asentamiento turdetano con la campiña cordobesa